Entre intereses y principios

Publicado: 29 julio, 2014 en Uncategorized

En esta España nuestra, tan destartalada y huera de principios, la probidad, quizá por inhabitual, o los ataques a este sistema aturdidor y oprobioso que nos gobierna, donde los principios se nos han vuelto yertos, sofocados por los abstrusos matojos del relativismo capitalista, vienen a ser respondidos con toda clase de insultos, iras y pretericiones. Así, quien ose criticar los trampantojos que la plutocracia planta ante nosotros, o ese solipsismo narcisista en que yacemos, por ejemplo —que nos descalabra y nos obliga a avecindarnos en una suerte de negritud del alma—, verá cómo de inmediato es linchado por una muy extensa caterva de afines al poder, a quienes el tiempo se les vuelve falto para mostrar los dientes y los más inicuos afanes. Y así, en esta sucesión de probidad e iniquidad, acontecen ciertos hechos bochornosos o descacharrantes con los que pasamos un buen rato.
Pues bien, acometo tal digresión por la respuesta, entre iracunda e infantil, que el señor Hermann Terstch ha regurgitado tras el artículo de Juan Manuel de Prada “Caiga su sangre sobre nosotros”, en que el magnífico apologeta católico desvela las pamemas que se ocultan tras las intervenciones de ciertos prescriptores y tertulianeses liberales, hoy aglutinados en “una patulea que se pone cachonda con el sonsonete de la extensión de la democracia”. Y es que mientras a estos prescriptores se les empina el bálano con el derrocamiento de dictadores árabes o el derecho a la autodefensa de Israel, las vocecillas de chisgarabís se les silencian ante la masacre de que son objeto los cristianos, cuya muerte es sepultada por la faramalla progre y relativista que nos aturde desde los medios de comunicación.
Así, de resultas de este tan fantástico y esclarecedor artículo, digo, el señor Tersctch, como un mocoso emberrinchado a quien los mocos se le zarandean de uno a otro lado, sacudidos por los zamarreos del enfado, revela en un “tuit” de esos el acuerdo entre irenista y bobalicón al que llegó con Bieito Rubido, Director de ABC, mediante el cual se comprometía a no responder a los intolerables asertos del novelista, que tantas urticarias y recidivas pruriginosas deben de provocarle por entre el tegumento genital. Pero Juan Manuel de Prada, tan reacio siempre a parapetarse tras poderes acomodaticios o a silenciar sus defensas del Catolicismo, no unció yugo alguno a su pluma y escribió el dichoso artículo, lo que renovó la incómoda picazón del periodista e hizo que le sobreviniera el cabreo. Es entonces cuando Terstch lo acusa de urdir majaderías, de soberbia rufianesca y de no sé cuántas lindezas más. Y, como es natural en esta sociedad nuestra, tan destartalada y huera de principios, donde el rebuzno del borrico acalla la voz del sabio, surge al albur de tal comentario un rimero inagotable de infamias y afrentas contra el escritor, al que imagino, sin embargo, ya advertido de antemano y un tanto impávido, pues son muchos los zurriagazos que le llevan arreado estos últimos tiempos.
Por ello recuerdo ahora unas palabras que escribí hace tiempo, que me resisto a sustraer de esta reflexión:
“Con su ejemplo, alienta a quien otrora guardaba un entre medroso y lamentable silencio. Con valentía, apela a nuestro orgullo de cristianos y nos invita a alzar la voz ante los muchos ataques que sufrimos; nos anima a dejar atrás esa lenidad inveterada que manteníamos por piedad o por una errática concepción de las buenas formas y a defender, con arrojo y determinación, aquello en lo que creemos. Con las frases que le brotan de la pluma, con aquellas que le afloran al discurso, Juan Manuel marca un camino, aparta los matojos y lo asenderea para muchos. Sigámosle, pues, y ayudémosle a desbrozar.”
Y es que, estimado Juan Manuel, la moral cristiana es una muy incómoda compañera, que excita contriciones y suscita muy escasas filiaciones, mucho más proclives éstas a sumarse a quien detenta el poder y hace mal uso de él. Pero es, sin duda, una de las mejores compañías que se han de disfrutar. Y aunque el señor Terstch se me antoja un tanto acerbo, vitriólico, bilioso o aquejado de úlceras estomacales, prolijo en malas digestiones y fecundo, quizás, en peores intenciones, quizá llegue a meditar algún día sobre unas palabras que tú mismo pronunciaste, cuando aseguraste que “quien defiende intereses acostumbra a denostar a quien defiende principios”.
Sigue así, por tanto, estimado Juan Manuel, que muchos lo agradecemos en verdad.

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comentarios
  1. Loreley dice:

    Muy bueno el artículo y lo que dice sobre la situación en España y sobre la religión y el cristianismo, yo que no se sobre estos temas y como tengo que realizar una monografía al respecto encontré algo que leí y que quiero compartir para que lo lean también, http://jorgeguldenzoph.com/espiritualidad-y-religiosidad/el-arbol-tiene-raiz/ trata sobre los intereses que pueden tener las personas en la actualidad y sobre lo relacionado a la existencia, además miré este video que me fue http://www.youtube.com/user/jorgeguldenzoph de mucha utilidad y espero que les guste también.

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