Así se vence al demonio

Publicado: 13 septiembre, 2012 en Personajes

Ilustración de la portada

 

            Vivimos en un mundo deshabitado de humanidad, en una suerte de marasmo envilecedor o confuso campo de Agramante donde la fe en Dios se ha visto descuajada casi por entero, desplazada a favor de una conciencia adormecida o como trocada, sin rebozo ni recato alguno, por ese decurso vital ominoso y enfangado que sucede al imperio de los más bajos instintos. Hoy, ya no buscamos sino satisfacer nuestros vicios y apetencias, declinar toda responsabilidad sobre nuestros actos y cesar en esa búsqueda de la trascendencia que nos alumbró a lo largo de tantos siglos. Es tan nulo nuestro afán de eternitud, que tan solo importa la inmediatez y el dar cumplida cobertura a las pulsiones caprichosas, egoístas y mundanas que esta sociedad descalabrada trata de insuflarnos, al tiempo que nos lleva a soslayar todos los vetos morales que la tradición y el Catolicismo nos vinieron dando. Y así, zambullidos en esa malévola negritud en que nos desenvolvemos, hemos dimitido de todo lo que nos hacía buenos, de todo cuanto nos hacía justos y dignos de Dios, de todo cuanto impedía que el Diablo embadurnase nuestras vidas.  En el colmo de la estupidez y del vaciamiento moral —quizás porque la culpa nos reconcome y precisamos de salvaguardas para nuestra aletargada conciencia—, nos hemos convencido de la inexistencia del Maligno y obviado el pernicioso influjo que ejerce sobre nosotros, lo cual, dicho sea de paso, acrecienta éste y nos reconcome aún más.

            Pese a ello, no hay sendero sin vuelta atrás ni baldón o pecado que no podamos expiar. Y así, salvífica y protectora, es cuando actúa la Divina Providencia, poniendo a nuestro alcance cuantos medios precisamos para ello y concediéndonos la fuerza suficiente para no desfallecer en el empeño.

            Uno de estos medios de la Providencia, elocuente como pocos y en absoluto baladí, por mucho que esos individuos anegados de inmoralidad pretendan preterirlo o vituperarlo, es el ensayo Así se vence al Demonio, del periodista e historiador José María Zavala, donde, a modo de compilación de crudelísimos testimonios, se compendia el sinfín de asechanzas y trampantojos que urde el Maligno para eterno socavamiento de nuestras almas inmortales. Exorcistas y exorcizados glosan aquí sus horripilantes experiencias; relatan episodios que producen no solo un intenso repeluzno, sino también una estremecedora sensación de vulnerabilidad y de sobrecogimiento, y desentrañan las espeluznantes circunstancias en que se desenvolvieron las posesiones demoníacas que les cambiaron la vida para siempre.

            Paradójicamente, semejante retahíla de funestos acontecimientos es también lo que trae sosiego y esperanza al lector, pues en todas ellas hay una enseñanza provechosa: No hemos de tener miedo; tan solo necesitamos encomendarnos al Señor.

            A pesar del enorme fervor con que profesa el Catolicismo y de la clara vocación didáctica y evangelizadora de Así se vence al demonio, José María Zavala hace gala de nuevo de la exquisita objetividad que acostumbra a esgrimir en todos sus textos, lo que le permite tomar distancia de lo narrado y evitar injerencias subjetivas que pudiesen suscitar la inquina o el escepticismo enojado de algunos. Y así como no incurre en la subjetividad, tampoco cae en ese pernicioso morbo con que se ha embadurnado el tema y que, a la postre, quizás como resultado de una añagaza más del demonio, ha terminado por frivolizarlo y así devenir en fruslería argumental de películas, esta vez sí, baladíes. Lamentablemente, tal es la descomposición del individuo actual, semejante ejercicio de ecuanimidad no bastará para esquivar las chanzas y denuestos de aquellos que toman esto a chirigota; muchos, sin embargo, se lo agradecerán.

José María Zavala, autor de Así se vence al demonio

            Por abundar un tanto en la recensión y no tan solo en lo nutricio y enjundioso del mensaje que el bueno de José María quiere trasladarnos, cabe destacar, de entre tantos testimonios como aporta, las entrevistas con los exorcistas Gabriel Amorth, Lorenzo Alcina o Salvador Hernández, exorcista este último de la diócesis de Cartagena, incansable luchador de aspecto y carácter casi beatífico, cuyo papel cobra enorme relevancia a lo largo de las páginas del libro. Él es quien participa en buena parte de los exorcismos que se relatan —amén de prologar el libro—, pero en todos ellos vemos una entrega sin vericuetos ni medida, la firme asunción del papel que Dios les ha encomendado y una admirativa e inaudita resolución en su lucha diaria contra el Maligno, solo explicable para nosotros, pobres ilusos, que permanecemos como ajenos, por verse auspiciada por una fe sin límites, por una fe irreductible, por una fe gracias a la cual, sin duda, habrán de merecer el cielo; pues del mismo modo que los ángeles de San Miguel batallaron contra sus hermanos sublevados, también estos sacerdotes batallan sin descanso aquí, en la tierra, poniendo de manifiesto los portentos y milagros que Dios Padre sigue realizando entre nosotros.

            Así que, por el bien de todos, ayúdenles en su tarea. Adquieran y lean ustedes Así se vence al demonio; y, sobre todo, no tengan miedo. Siempre hay solución en Dios.

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comentarios
  1. Antonio Gómez dice:

    Un libro de lectura obligada en estos tiempos demoniacos en los que vivimos. Valiente y necesario titulo, iguakl que elibro sobre el Padre Pio del mismo autor que recomiendo encarcidamente.

  2. Teresa E.Torres dice:

    Quisiera conseguir ese libro de José Maria Zabala : ASÍ SE VENCE AL DEMONIO

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