La senda trazada

Publicado: 4 septiembre, 2012 en Personajes

Ilustración de la portada

 

            El futuro es ilusión, el incierto resultado de un afán, un destino al que acudir temulento de emoción y de sueños por cumplir. Hacia allí nos dirigimos en incertidumbre, luchando contra las vicisitudes que nos afligen en el día a día, zambullidos en un marasmo de inquietud donde los problemas se entremezclan con la búsqueda de nuestros más profundos anhelos; y eso es, quizás, lo que mueve nuestras vidas, el motivo que argüimos para no desfallecer en nuestro ignoto decurso vital. Sin embargo, ¿qué sucedería si ese futuro tan desconocido para nosotros estuviese escrito de antemano? ¿Qué extrañas consecuencias devendrían si un hombre malbaratado, casi despojado de esperanzas, supiese lo  que va a suceder o las desgraciadas circunstancias que rodearán los fallecimientos de los más conspicuos personajes?

            No se lo cuestionen; que tal es la primigenia idea argumental que Pedro de Paz ha empleado en su novela La senda trazada (Editorial Algaida), con la que mereció el galardón Luis Berenguer en el año 2010, en su vigésima edición, y que yo me acabo de zampar como por ensalmo, con esa placentera inadvertencia embelesada que siempre nos procuran las grandes historias.

            En La senda trazada, Pedro de Paz nos presenta a Alfonso Heredia, un fotógrafo sin suerte ni dinero, asediado por las deudas y por las inminencias de una separación amorosa, que dedica sus días al trasiego lánguido de cervezas y a la búsqueda como errática de la fotografía, esa quimérica imagen que lo habrá de arrancar de la vida entre tumultuaria y abatida que arrostra desde hace años.

            Un día, mientras escapa de las acechanzas de un acreedor, Alfonso entra en una vieja librería donde, tras husmear entre los diversos volúmenes que comban los anaqueles, encuentra un viejo manuscrito primorosamente decorado —disculpen el cliché y la pereza que me ha llevado hasta él—. Días más tarde, durante una de esas lecturas presurosas y como desinteresadas que le dedica al libro, descubre que en él —también primorosamente caligrafiado— se incluye una descripción de las muertes de famosos personajes, al modo de esas crípticas centurias apocalípticas de Nostradamus.

            Es a partir de entonces cuando el fotógrafo se debatirá entre el provecho económico que ese funesto conocimiento le puede conceder, y el acuciante embate que su conciencia, aún no del todo adormilada, le propina a cada instante.

            Apartándose un tanto del tono más negro y cañí que empleó en El documento Saldaña, una de sus anteriores y más conocidas novelas, Pedro de Paz utiliza ahora uno más rigorista y formal —no incurre, pese a ello, en un exceso de gola o de almibaramiento—, más ceñido al clasicismo, si se quiere, con el que consigue recrear escenas de gran belleza y atinadísimas descripciones de ambientes y de personajes; también un cierto deje como lóbrego u opresivo, una suerte de pátina de suciedad que acompaña al desmenuzamiento moral en que deviene el comportamiento del protagonista, un baldón ominoso que le pende de la pechera y que el autor recrea de forma harto vívida. Pues La senda trazada no es solo un thriller al uso —que descuella, en mi opinión, sobre esos tochos yanquis que abarrotan las mesas de novedades—; es, básicamente, una novela sobre la más cruda corrupción, sobre el abajamiento en que se reboza el individuo deshabitado de cariño y de fortuna, sobre el aniquilamiento ensimismado en que se sume el hombre al traspasar el umbral de los principios éticos, cuando se refocila en su propia destrucción y desecha el esfuerzo necesario para la redención; es, básicamente, una fabulosa novela sobre ese estado aterido y como descalabrado en que podríamos llegar a vernos cada uno de nosotros.

            Así las cosas, olviden esos trampantojos esotéricos que urden los novelistas del tres al cuarto e intérnense en esa incierta senda que Pedro de Paz ha delineado para nosotros. No se arrepentirán.

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comentarios
  1. SISTERMOONSHINE dice:

    Leí “La senda trazada” al poco de que saliera. Consiguió mantenerme en vilo no tanto por el interés en conocer cómo resolvería el protagonista su dilema(que no me falto en ningún momento) sino en cómo lo resolvería yo, vaya que estaba inquita por mí, lo cual es una circunstancia bastante inusual cuando uno lee una novela. ¿Qué haría yo si me encontrara en la tesitura del protagonista? Esa participación propia en el relato me mantuvo atrapada de tal manera que no pude dejar la novela desde el mismo momento en el que la cogí. Afortunadamente estaba de vacaciones, porque no es una historia corta ni simple, y por mucha urgencia que haya en terminarla para contestarse a si mismo un montón de preguntas, es imprescindible leerla con cierta pausa para poder saborearla mejor.
    Está muy bien escrita, te atrapa y no te deja hasta el último punto final.¿Lo peor? Que descubrí que yo hubiera hecho seguramente exactamente lo mismo que hizo el protagonista. Oséase que oficialmente soy un poco mala. Mejor firmo con pseudónimo.

    • Eso es lo bueno de las grandes novelas, Consiguen que te involucres y que te cuestiones ciertas cosas, mucho más allá de la mera historia que nos cuenten. Me temo que muchos haríamos lo mismo que Alfonso Heredia. Gracias por pasarte.

  2. Pedro de Paz dice:

    Gracias por tu precisa y entusiasta reseña, Gervasio, y gracias a Sistermoonshine por hacerme llegar sus impresiones favorables acerca de la novela. Ambas me han alegrado. Una confesión para Sister: muy posiblemente yo también hubiese actuado como Alfonso. Somos malos, pues. 🙂

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