El códice calixtino

Publicado: 29 octubre, 2011 en Patrimonio cultural

               

Letra minial del códice

El pasado mes de julio,  el Codex Calystinus, uno de los más importantes códices que se conservan en la actualidad, desapareció del Archivo catedralicio de Santiago de Compostela, donde se conservaba bajo la tutela y custodia del deán D. José María Díaz. Su robo ha sido para muchos el más grave menoscabo —o atentado— que ha sufrido el patrimonio cultural gallego desde sus orígenes. Por eso, como sentido —aunque tardío— homenaje, deseo realizar la glosa y descripción de lo que en él se contiene.

                Comencemos pues.

                Tras su aparición allá por el S. XII, el nombre de Codex Calystinus hace referencia a un conjunto de cinco libros que sirven de guía informativa o de manual a todos aquellos que quieren iniciarse en las fatigas y vicisitudes inherentes al Camino de Santiago, y a lo que éste ha supuesto a lo largo de la historia.

                Como su nombre indica, su autoría le ha sido atribuida al Papa Calixto II; y si bien es cierto que su nombre encabeza varios capítulos de la obra, y hasta una carta suya ejerce como prólogo o presentación, no lo es menos que las teorías sobre la existencia de diversos autores son las que gozan de mayor credibilidad. Aun hoy desconocemos la identidad de quienes pergeñaron o transcribieron tan magnífica obra —lo que le aporta el tan beneficioso añadido de misterio—. No obstante, todo el mundo académico conviene en la existencia de un compilador —o promotor— encargado de organizar los materiales preexistentes y dotarlos de entidad suficiente como conjunto, y no como la mera reunión de ciertos escritos dispares.

Calixto II

 

                Tal compilador pudo ser un monje cluniacense, un clérigo secular o, incluso, un goliardo, de los que tan disipada vida llevaban entonces. Pero hubo, además, un revisor o editor, cuyo papel se atribuye, casi de forma unánime, al francés Aymeric Picaud. Como fecha de compilación —aunque muchos lo datan con anterioridad— se ha convenido, asimismo, en el año 1160.

                Estructuralmente, el libro está compuesto por cinco libros menores, secciones o capítulos, que se articulan o argumentan de la siguiente forma:

  • Libro I. Se trata de un conjunto de sermones, textos litúrgicos y formularios necesarios para la liturgia de Santiago.
  • Libro II. Colección de 22 milagros atribuidos a la intercesión del Apóstol Santiago, alguno de los cuales se glosará en futuras entradas de esta bitácora.
  • Libro III, que relata las vicisitudes sufridas durante el traslado del cuerpo del Apóstol a Santiago, y que ya ha sido detallada en una entrada de este blog.
  • Libro IV, conocido como pseudo-Turpin, por atribuírsele al Arzóbispo de Reims, Turpin, a quien también se le concede la autoría del Historia Karoli Magni et Rhotlandi, donde se narra la expedición que el emperador francés realizó a Santiago, ribeteada, según los cánones  de la época, de tintes de cruzada y liberación de tierra conquistada.

    Libro IV, pseudo-turpin

 

  • Libro V, o Liber peregrinationis, formado por un breve tratado en el que se ofrece una serie de consejos morales, a modo de relato o de libro de viaje, para todo aquel que decida emprender el Camino. Este libro presenta una cierta singularidad, al haber sido desencuadernado y desgajado del libro IV, para, tras las siguientes raspaduras y sobreescrituras,  transformarse el libro quartus en quintus. En la actualidad, es la versión alterada la que se mantiene.

En este libro V, el autor se define como francés, previsiblemente de la región de Poitu, por la profusión de favores que a tal zona concede. Asimismo, la carta epílogo del Liber Sancti Iacobi, atribuida al Papa Inocencio II (1130-1143), cita a Aimeric Picaudus, junto a su compañera Gylberta Flandiensis, como el correo que trasladó el Codex calystinus a Compostela.

Códice Calixtino

Se incluye en este libro V una exhaustiva enumeración de los lugares sagrados que el peregrino se encuentra en el camino, a fin, según el propio autor confiesa, de “que los peregrinos, con esta información, se preocupen de proveer a los gastos de viaje, cuando partan para Santiago”; pues eran muchos ya los que viajaban con espíritu piadoso, votivo, penitencial, y hasta en cumplimiento de alguna pena legalmente impuesta por los tribunales de justicia. Los había, incluso, que viajaban por delegación o representación de aquellos más pudientes, previo cobro, por supuesto, de la correspondiente tarifa fijada a tal efecto. Uno de estos peregrinos por delegación fue Ambrosio de Morales, Cronista de Felipe II, que viaja en representación de éste, demasiado ocupado en tareas conquistadoras y expansionistas, y que realiza curiosas afirmaciones al respecto que en una futura entrada se detallarán.

                Hoy, el que ha sido estandarte del patrimonio cultural gallego —de la humanidad, en justicia—, se encuentra, y discúlpeseme el abuso de un manido cliché, en paradero desconocido. No queda, por tanto, sino esperar su pronta recuperación y regreso al cobijo donde durante tantos años permaneció. Muchos nos alegraremos enormemente por ello.

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comentarios
  1. Gervasio López dice:

    Ya me he pasado por vuestra página. Es fabulosa. Muchas gracias por el apunte.

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