Santiago el Mayor

Publicado: 9 octubre, 2011 en Personajes

           

Santiago el Mayor

Santiago de Zebedeo, también llamado Santiago el Mayor, nació en Betsaida, Galilea, allá por el año 5 a.C., en el seno de una familia humilde compuesta por Zebedeo, y por Salomé. Fue hermano de Juan, también discípulo de Jesús, y con él contempló milagros como la resurrección de la hija de Jairo, la pesca milagrosa o la transfiguración en el monte Tabor. Fue testigo, también,  junto a siete de sus discípulos, de la aparición de la Virgen María en Zaragoza, quien, como testimonio de su aparición, dejó una columna de jaspe que desde aquella se conoce popularmente como el pilar.

            Tras la muerte y resurrección de Jesús, hacia el año 33 d.C., Santiago encaminó su predicación hacia Hispania e inició una larga singladura que le llevó a través del mediterráneo, las Columnas de Hércules  y la deshabitada costa de Portugal, hasta llegar a Gallaecia (actual Galicia), donde trasladó la palabra de Dios y fidelizó a un buen número de seguidores. Hay, también, quien arguye que arribó en Tarraco (Tarragona) e incluso en Carthago Nova (Cartagena). Sea como fuere, la teoría más aceptada es la de su llegada a tierras gallegas, así que a esa me ceñiré.

            Su viaje, como ya se ha mencionado, le llevó a pasar por las Columnas de Hércules, también llamadas de Heracles o de Melkart, y señaladas desde tiempos de los fenicios (el nombre de Melkart se le otorgó en honor a la divinidad fenicia de idéntico nombre) como el hito que establecía el fin del mundo, entonces situado en el Estrecho de Gibraltar. Más allá de esas columnas se abría lo recóndito, el Non Terrae plus ultra, también atribuido al enclave gallego conocido como Finisterre.

            Tan pomposa nomenclatura hace referencia a las montañas de Kalpe (Calpe), hoy identificada como el peñón de Gibraltar, que constituiría la columna Norte, y a la columna Sur, cuya identidad pretenden asumir por igual el monte Hacho, en Ceuta, de 204 metros de altitud, y el Monte Musa, en Marruecos, de 851 metros. Ha sido tanta su importancia simbólica, que el Rey Carlos I, a instancia de su consejero Luigi Marliano, decidió incluirlas como elemento exterior en su escudo de armas, entrelazadas por una faja en la que se observa la divisa Plus ultra. Posteriormente se eliminaron del escudo real, pero aún hoy aparecen en el de España.

Escudo institucional

 Martirio en Jerusalén

Santiago fue el primero de los mártires del Cristianismo. Hacia el año 43 d.C, tras haber participado en una prédica, es detenido por los hombres de Herodes Agripa I, Rey de Judea,  y martirizado en Jerusalén. En los Hechos de los Apóstoles se cuenta así:

Por aquel tiempo, el rey Herodes comenzó a perseguir a algunos de la iglesia. Ordenó matar a filo de espada a Santiago, el hermano de Juan; y como vio que esto había agradado a los judíos, hizo arrestar también a Pedro.

Hechos 12:1-3

 

            Se le ha llamado el Mayor para diferenciarlo de otro Apóstol, Santiago el de Alfeo, que recibía el sobrenombre de el Menor, por ser éste, dicen, más corto de estatura. También recibía el de bonaergués, o hijo del trueno, atribuido por el fuerte carácter que acostumbraba a demostrar. Pero si con alguno ha pasado a la historia, ha sido con el de Matamoros, acuñado tras su milagrosa aparición durante la batalla de Clavijo, en La Rioja, que algunos fechan el 23 de mayo de 844.

            La batalla de Clavijo se enmarca dentro de la Reconquista española, pero su motivación fundamental, exhaustivamente velada por la leyenda y la historiografía, fue la negativa de Ramiro I de Asturias a seguir pagando el tributo de las 100 doncellas, al que los árabes venían obligando a la nobleza española. Según las crónicas de la época, Santiago apareció en la batalla sobre un caballo blanco, cumpliendo con lo que había asegurado a Ramiro I la noche anterior, durante un sueño. Gracias a su irrupción, las tropas españolas, en clara desventaja numérica, pudieron vencer a los musulmanes y librarse del tan odiado tributo. Dos días después, en Calahorra, el rey dictaría el voto de Santiago, por el que se conminaba a los guerreros españoles a peregrinar a Santiago de Compostela y honrar el sepulcro con ofrendas y oraciones.

 

            En torno a este tributo se narra una historia desgarradora, según la cual, la familia de Simancas, a quienes les correspondía entregar a siete doncellas, cercenaron las manos de éstas en señal de protesta.

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comentarios
  1. Johnd147 dice:

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